Los Sonidos del Cuerpo

Gracias un proceso de creación con la compañía Tercero Excluido,(2010) nació en mí un interés por el acontecer de la voz en el cuerpo, cuando esta emerge como otro mecanismo de movimiento. La aparición de la voz durante mis ejecuciones me hizo notar que hasta aquel momento, había impuesto una especie de enmudecimiento a mi voz. Casi toda la educación en danza que recibí se basó en alguna forma en el sometimiento de la palabra, de la voz, del lenguaje al servicio de ese otro lenguaje que es el movimiento, pues el cuerpo tenía tanto que decir, que para que usar los sonidos salidos de su boca; la voz, su presencia en el movimiento eran cosas del teatro, de los/las cantantes no de la danza. Usar la voz sería una traición a su propia esencia. Dándome a la tarea de dejar salir el sonido que sale de mi boca al moverme, note que la voz opera como mensajero entre lo que el pensamiento y el corazón quieren decir. Note que mis movimientos eran más intensos, como si mi cuerpo bailara en una nota más alta. Advertí que la voz es como otro efecto resonador y extensor del cuerpo en el espacio. Un detonante de movimiento, necesaria para mantener en mí cuerpo el estado “vibrátil” del cual hace referencia Suely Rulnik.

La irrupción de la voz y el juego de los sonidos con el movimiento han hecho aparecer lo que algunos distinguimos como “territorios afectivos”. La voz despliega y evoca emociones y trae memorias que aparecen como residuos de algo olvidado; residuos ligados de una u otra manera al instinto humano-animal. Sonar me lleva más cerca del cuerpo y de la carne que a las voluntades de la conciencia y me aleja de buena manera, del sentido de esa cosa que insiste tener una única dirección. Los sonidos que emitimos crean una red sofisticada de sonoridades, en las que aparecen enlaces de una geografía específica en la que se inscriben marcas socioculturales que nuestro cuerpo como materia viva registra, es decir; he percatado que cuando sueno no sueno solo a mí, sino que los sonidos dan forma al paisaje sonoro de una cultura o de un afecto específico ligado a mi existencia.

Hay en los sonidos que emitimos una necesidad de comunicar un estado afectivo. Los sonidos que emitimos nos ayudan a liberarnos, y a expresar lo que está contenido. En el sonido del llanto o del grito por ejemplo, exigen justicia, determinan un límite o entrevén un profundo dolor. Un dolor que no solo es subjetivo sino colectivo, que manifiesta unas injusticias; hacia nuestros cuerpos, injusticias hacia el gran cuerpo que nos contiene: La tierra, Gaia, la madre naturaleza. Es importante ver que si ella sufre nuestros cuerpos tambien sufren, también se agitan, se afectan y padecen alteraciones. En ese sentido los sonidos que emitimos son fundamentales. El grito y el llanto son esenciales porque orgánicamente manifiestan un límite un rechazo a los autoritarismos... Las lágrimas fluyen al igual que la voz... Las vibraciones que producimos al sacar la voz crean un efecto relajante en el cuerpo. Lo vemos en los animales; cuando están nerviosos tiemblan. Hacer que nuestro cuerpo vibre a través de los sonidos es una respuesta sanadora al estrés que se acumula en nuestras células, en todo nuestro cuerpo.

Trabajar con la voz es jugar con el aire que entra y sale de nuestro cuerpo. Es ampliar esa relación que tenemos con lo externo. Respirar nos oxigena, pero también nos pone a la escucha.

En este viaje entre murmullos, distintas tonalidades y melodías que fueron apareciendo en mis exploraciones me di cuanta del efecto reconciliante y aliviador que trae trabajar desde y con los sonidos. La risa, el grito, el suspiro, el murmullo, el jadeo y quejido han ido apareciendo en este trayecto como esos residuos olvidados en el cuerpo. Sonidos primitivos que me acompañan para transitar lo emocionante e intenso que resulta el estar viva.

Esos sonidos que emergen desde nuestros cuerpos son vitales. Nos ayudan a tener un entendimiento del entorno y de sí mismas, pues activan nuestra capacidad de escucha interna, de lo que resuena adentro. Una canción, una melodía, un murmullo emergen para sostenernos. Nos arrullamos en nuestros sonidos. Nos apoyamos en ellos.

La risa es una manera de encontrar empatías. Ella nos contagia y allí algo se ablanda. La risa ha sido una forma de salvarnos en medio del conflicto en Colombia; A pesar de la guerra aún hay risas, sin embargo, hace falta aun crear nuestros pozos o círculos de lamentaciones y allí celebrar el hecho de que aún estamos vivos.

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